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El día 5 de Junio, día Mundial del Medio Ambiente ocurrió un hecho brutal que llena de vergüenza y rabia a los Pueblos de Abya Yala. Tras 57 días de protesta fueron asesinados 55 Dignos y Valientes Guerreros de la Tierra, 225 heridos, 105 detenidos y hasta el momento 20 desaparecidos, en las localidades de Bagua, Yurimaguas, Chachapoyas, de la amazonia peruana.
Los antecedentes son conocidos. Aprovechando facultades legislativas otorgadas por el Congreso, el Ejecutivo se despachó con una centena de decretos de diverso corte y que por cierto van mucho más allá del objetivo de la delegación recibida, que era adecuar ciertas normas nacionales para poder implementar mejor el Tratado de Libre Comercio, suscrito por el Perú con los Estados Unidos. Esta política se ha condensado en una serie de decretos leyes que los amazónicos consideran atentatorios contra sus derechos ancestrales. Por ello pidieron su derogatoria y la obtuvieron, después de una gran huelga en agosto del año pasado. El gobierno retrocedió y el Congreso se comprometió a derogar esas normas. Incluso se nombró una comisión parlamentaria para revisarlas, que concluyó recomendando precisamente su anulación. Pero, no ha pasado al Pleno y en el entretiempo, el gobierno ha promulgado otra norma que profundiza el ataque al bosque. Se trata de la ley 29317, llamada ley forestal, que invita a sobreexplotar el ecosistema amazónico.
Luego de una huelga bien organizada y de diversos medios de defensa de su territorio, estos pueblos ancestrales, han sido masacrados, Esta masacre nos da un mensaje: sólo recuperando la plena capacidad de administrar nuestros recursos, sólo recuperando nuestra identidad nacional y sólo mediante la plena autodeterminación, nuestros pueblos pueden culminar la descolonización.
Nuestra Amazonía está regada de sangre, y nosotros no podemos dejar de mencionar los hechos luctuosos que acaecieron en estos últimos días, creemos que es un deber moral y una obligación denunciar públicamente lo que sucedió para llegar a esta situación, con lamentables pérdidas de vidas a manos de las fuerzas del orden impuesto con la finalidad de exterminar a los hermanos indígenas amazónicos.
Se trata de centenares de miles de familias peruanas que trabajan y cuidan los valles amazónicos, para bien de toda la Vida sobre la Tierra, sin otra recompensa que vivir en permanente exclusión económica, social y política.
Su contribución como hombres de la Amazonía – Selva Alta y Selva Baja - al Perú y al mundo, requiere una merecida atención equitativa por parte de Gobierno Central y el Parlamento. Año tras año ellos buscan el diálogo con propuestas viables en defensa de la biodiversidad y para el fomento de una agricultura sana. Esta desatención genera dolorosas frustraciones, como los extremos y condenables sucesos ocurridos en Bagua la muerte y desaparición de nuestros hermanos nativos que hoy están muertos y desaparecidos solo por defender sus tierras porque para ellos se trata de su misma vida.
Es ya una realidad para muchísimas personas en el mundo entero un nuevo sentido de vida que se opone al consumismo, al desperdicio, al vivir en las grandes ciudades que empobrecen la vida de sus ciudadanos, a los proyectos agrarios de la agroexportación, de los grandes monocultivos, de la minería, de la explotación petrolera y maderera, que destruyen todo lo que se encuentra a su paso, sea en términos de la vida social de los pueblos o de la naturaleza.
Pero aún siguen siendo predominantes los valores del consumismo, del individualismo, del dominio sobre la naturaleza, valores que los grupos de poder tratan de imponer a la
sociedad justamente para volverse más poderosos. Y son estos valores, intereses e
iniciativas de los pocos, que orientan la conducta de que los conflictos no deben ser tratados (o si lo hacen, es en forma declarativa), porque realmente están convencidos que el camino es la eliminación del otro para que ese conflicto desaparezca. En casos como el sucedido con los indígenas amazónicos del Perú, permanecerá el conflicto, porque detrás de la gente asesinada de estas comunidades, hay una conciencia universal, millones de seres humanos pertenecientes a los pueblos de todo el mundo, dispuestos a enfrentar este modelo extractivista, violento, antidemocrático.
La gente del mundo rural demandamos apoyo del Estado para poder vivir en la Amazonía dignamente, para desarrollarnos como pueblos y ejercer plenamente nuestros derechos universales de ciudadanos, no para migrar a otros países de manera forzada debido a la pobreza y marginación, ni para atiborrar barrios marginales en los centros urbanos, ni para sobrevivir miserablemente como jornaleros agrícolas, ni como campesinos a los que se les ha quitado las tierras, el agua, ni como poblaciones rurales que tienen que sufrir las consecuencias de la contaminación producida por la explotación irracional petrolera o minera.
Hablamos de una transformación agraria para un acceso equitativo a los recursos tierra y agua, crédito, educación y otros servicios; de una propuesta agraria que promueva la
agroecología, que procure establecer relaciones equitativas entre el campo y la ciudad, que posibilite la existencia y desarrollo de la agricultura campesina. Queremos un campo vivo, con diversidad cultural y siempre poblado.
EXPRESAMOS NUESTRA SOLIDARIDAD A TODOS LOS PUEBLOS DE LA AMAZONIA PERUANA QUE RESISTEN A ESTE MODELO EXTRACTIVISTA